Por Gladys Durán Daza  |  Regional Cali


A MIS ANCESTROS

Soy flor, soy vida, soy universo.
(Ariana Cifuentes Escobar)

Le hablo a la piedra que pisaron y hoy es camino.
A la lluvia que cae mágicamente, renovando los ríos que lloran sempiternas ausencias
Le canto al árbol de guayaba, que me sonrió en la infancia, me regaló sus frutos, sin enojarse nunca
Invoco al fuego creador, conspicuo y efímero, alegórico acompañante de loas y batallas.

En mis sueños, visito las casas amadas de mi pueblo, por donde asoman fantasmagóricos rostros, cuando creemos dormir.

Le susurro al viento, al mar, a la regia montaña, a la fértil tierra, mis cuitas y alegrías, porque siempre me escucharon sin protestar

Abrazo sin queja, el dolor de mis antepasados, mientras viaja libre su sabiduría ancestral, nutriendo vidas, atravesando el tiempo y espacio como destello fulgurante; sus fuertes raíces me sostienen y guían.

Al sol poniente le pido que salude a la luna y los enamorados esparzan doquiera, semillas con sabor a maíz, yuca, papa, cacao, coca o frutas.

Admiro conmovida cada amanecer, con su brisa vestida de colores; en su lomo fantástico, traen la voz maravillosa de mi madre, entonando un bolero antiguo, mientras amorosa bate su rico chocolate.

Clamo, para que en una vasija de barro, se conserven las diversas lenguas y tradiciones, que sean agua viva, de donde beban las nuevas generaciones, apuntando hacia una integradora cosmovisión del amor.

Doy gracias a cada ser ausente que hoy me habita, que palpita, trasciende, y renace en la perennidad de mi ser.

Festejo cuanto he vivido, porque mi espíritu rebosa de plenitud bañado de mestizaje y bendecido por la luz creadora e invencible de la palabra, en armonía con el universo, convocando vida para que nunca colapse la humanidad.


MUTAR DE PIEL

Mutar de piel,

es quizá encontrar otra verdad,

es quizá construir otra mentira.

Mutar de piel,

es quizá trashumante,

acaso fascinante,

o tal vez, desafiante.

Mutar de piel,

probar delicias,

sumando malicias,

adentrarse en otro ser,

pretender sentir y vivir lo que nunca antes;

ser de nuevo

prisionero o liberado,

puede elevarnos a nuevos cielos o quizá,

conducirnos a nuestro propio infierno.


YO QUIERO SER NIÑA

¡Yo quiero ser niña
Si, si, si, si si !

Jugar a la lleva,
saltar la rayuela,
correr por el patio,
jugar a jugar…

Yo quiero ser niña,
de nuevo en la escuela,
soplarle a Mariela,
sin pena estudiar…

Yo quiero ser niña,
asustar al gato,
corretear al perro,
atrapar los patos,
hacerlos rabiar…

Yo quiero ser niña,
trepar a las nubes,
subir a los techos,
romper las ventanas,
hacerme pegar…

Yo quiero ser niña,
armar comitivas,
jugar a escondidas,
besar a mi primo
y hacer de mamá…

Yo quiero ser niña,
jugar a reinados,
hacernos peinados
y ser señoritas,
con labios pintados…

Yo quiero ser niña,
soñar con papá,
sentir que no ha muerto,
y que me mima igual…

Yo quiero ser niña,
olvidar ser grande
y reír y reír…

No sé si gané…
no sé si perdí…
Yo quiero ser niña
¡Si, si, si, si, si!


PAZ

De la mano de su madre camina una niña llamada Paz…

Paz nació sin ojos, nunca ha visto las estrellas…

al tocar sus lágrimas

siente correr ríos de sangre y fuego…

En la escuela, sus compañeras

intolerancia e insensatez,

fabrican historias de terror

y en el laboratorio la bomba de la indiferencia

ya explosionó…

Su amigo “el sapo” anda desaparecido

por inventarse el cuento de la “intermediación”.

En la calle, un perro hambriento le huele el vestido

y se lo lame cariñoso…

Inmensamente llena de soledad,

Paz pregunta a su madre

porque escucha tanto silencio a su alrededor…

Hija: hemos llegado al final del camino…

en aquélla fosa “yace la guerra con su hermana la violencia”.

Paz, sonríe.

Una paloma inquieta llega al lugar

y se posa altiva sobre la tumba inerme.


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