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Edgar Delgado

Por Edgar Delgado  |  Regional Cali


RESEÑA HISTÓRICA DE LAS CANCIONES “TIERRA DEL ORO” Y “EL DETENIDO” DE JORGE AUGUSTO VILLAMIL CORDOVEZ.

Esta bellísima canción en ritmo de bambuco, dedicada a Santander de Quilichao, cuyo autor y compositor es el médico huilense Jorge Augusto Villamil Cordovez, la hizo como agradecimiento a las atenciones tenidas en mayo de 1.976, cuando fue traído en un convoy militar, a nuestra ciudad, vía Ibagué, en un viaje que duró 15 horas, para responder por la acusación de “complicidad no necesaria” con las Farc, después de ser detenido en el Huila. El carcelazo, en el cuartel de la policía de Santander de Quilichao, se originó en su supuesta mediación para lograr la liberación del diplomático holandés Erik Leupin, secuestrado en Tacueyó, corregimiento del municipio de Toribio, en el Cauca y liberado meses después del plagio, el 2 de octubre de 1.976, aunque nunca se supo si su familia, o el gobierno holandés pagaron algún rescate. Este episodio fue noticia nacional e internacional por las características políticas, diplomáticas y culturales del hecho y la importancia de sus protagonistas y fue cubierta en directo desde Santander de Quilichao, por las cadenas radiales Caracol, Todelar, Super y R.C.N, y los diarios El Espectador y el Tiempo, de Bogotá, El País, y el Occidente de Cali, El diario del Sur, de Neiva, El Colombiano de Medellín, el Liberal de Popayán, muchos otros a nivel regional y nacional, como también los escasos noticieros de televisión de la época que reseñaron la noticia. A Jorge Villamil, lo recibieron en la casa de la familia Peláez Velasco, (Márden Peláez Gutiérrez y María Teresa Velasco Álvarez), donde se encontraba una multitud de gente, que le pedía autógrafos en libretas, cuadernos escolares y en las carátulas de los antiguos discos L.P., grupos musicales, que interpretaban Oropel, los guaduales, y muchas otras composiciones del autor, y personalidades del Santander como el Dr. Ernesto Navia Galarza, director municipal del I.C.A, la señorita Limbania Velasco Camacho, que le ofreció en nombre de la mujer quilichagueña, un desayuno “trancao”, como los que se sirven en el Cedral (Finca de la familia Villamil), y le ofreció su respaldo, antes de presentarse junto con su esposa Anneke, y el mayordomo de su finca Andalucía, Roberto Osorio , al palacio de justicia, contiguo a la casa, donde los esperaba el Juez 2° Penal Municipal, Omar Tulio Ruiz, apodado “Guillotina”. Ya en el despacho judicial, el juez le reconoció las credenciales a su abogado Raúl Trujillo, y procedió a preguntarle a Villamil, los generales de ley. Luego de un largo interrogatorio, Villamil relató los pormenores del incidente, empezando con los contactos que intentó con los militares, hasta terminar en sus entrevistas con el ministro Cornelio Reyes y el secretario Quintero Luna. Era presidente en esos momentos Alfonso López Michelsen y Camacho Leyva, juez militar. Tal como lo había anticipado su apoderado, el duro interrogatorio estuvo dirigido a establecer su simpatía con las Farc y su papel como “cómplice no necesario “de ese movimiento que fueron refutados por el acusado, al recordar su condición de colono en la región de El Pato, y su papel como médico en las labores de rehabilitación de los insurgentes localizados en Tolima, Huila, Meta y Caquetá a finales de los años 50 y comienzos del 60. El punto que más influyó en su liberación y desvinculación del proceso penal fue la invocación del juramento Hipocrático que Villamil había prometido respetar el 27 de agosto de 1.958, cuando se graduó de médico cirujano en la Universidad Javeriana. En concreto, rodeado de militares y de una turba que afuera esperaba con tensión y algunos osados que gritaban abajos al gobierno de López y a los militares, él hizo énfasis en estos apartes del compromiso sagrado: Aplicaré regímenes para beneficio del enfermo acorde a mi habilidad y juicio (…). La argumentación jurídica fue sólida, pero además le ayudó la fuerte presión de la gente de Quilichao, Neiva, Bogotá, Ibagué y Cali, en donde los medios de comunicación y los gremios artísticos como Sayco, pidieron su inmediata liberación al considerar que su intervención era un gesto altruista enmarcado dentro del Derecho Internacional Humanitario. El maestro, Roberto y la holandesa fueron dejados en libertad el lunes 3 de mayo de 1.976. Según versiones de la época, el juez siempre estovo convencido del error cometido por los militares y de la buena fe de Villamil, desde el punto de vista humanitario, pero en especial por su condición de médico obligado a asistir al hombre en cualquier circunstancia y sin ningún condicionamiento. Al final se dijo que las implicaciones como auxiliadores de la guerrilla eran injustificadas porque los dos millones de pesos de la época, llevados por la esposa de Leupin para pagar el supuesto rescate, nunca estuvo en poder de los otros implicados, ni llegó a sus destinatarios, lo que, según expertos en derecho penal, significó la no tipificación del delito. A las ocho de la noche de ese lunes, la buena nueva, fue comunicada a todo el país, por los medios de comunicación, la banda municipal de músicos del pueblo interpretó el Barcino, autoría del maestro, el San Juanero, de Anselmo Durán, entre otras, canciones del folclor opita. Los liberados pernoctaron esa noche del 3 de mayo en la casa cural y el párroco Ramón Rodríguez, a nombre de la comunidad ofreció una cena de desagravio, mientras que el alcalde municipal, Arquitecto Hernando Tobar Erazo y varias personalidades del pueblo les organizaron para el día siguiente, un paseo por Santander y a la Ermita de Dominguillo, construida por los esclavos en 1.856, hermosa capilla doctrinera, que el día 26 de noviembre de 1.984, fue declarada monumento nacional, por el presidente Belisario Betancourth Cuartas, y la ministra de educación Doris Eder de Zambrano, gracias a las gestiones que hizo el Dr. Juan Jacobo Muñoz Delgado, exministro y diplomático, quien pasó su juventud en los llanos de dominguillo. Luego Villamil y sus acompañantes se dirigieron a Neiva, vía la Plata, pasando por el Hobo y por diferentes poblaciones, donde fue recibido por sus habitantes y se realizó un extenso desfile. Resultado de los acontecimientos nace esta canción, interpretada por el dueto Silva y Villalba, grabado en el L.P. Brumas, en el año de 1.978, por el sello discográfico PHILIPS. Leupin antes de marcharse del país con su esposa Anneke y sus hijos, publicó su odisea en el libro, “El lado Oscuro del Nevado”, que sirvió de base al cineasta caleño Pascual Guerrero, para hacer en 1.979, una película sobre el doloroso problema del secuestro en Colombia.
Esta canción tiene cuatro estrofas, una introducción musical que se interpreta entre la tercera y la cuarta, repitiéndose éstas. Se relatan aspectos geográficos que pintan el paisaje y nombra sitios importantes de Santander de Quilichao, donde se describe la brisa, los samanes, la ñapanga, el rio Quilichao, los guaduales, el oro, las casas viejas, los ancestros, los cielos azules, los abuelos, El cerro de Munchique, que a lo lejos (en lontananza) se admira al norte, el valle del Cauca, la antigua ermita de Dominguillo, las reliquias de la colonia, el valor de las mujeres y la raza arrogante, galante, guapa y morena de una parte de los habitantes de Santander de Quilichao.
Antes Villamil, compuso el “El Detenido”, donde narra lo pasado en su detención. Esta canción en ritmo de bambuco fue grabada por el sello Bambuco y fabricada y distribuida por DISCOS ORBE LTDA por el dueto musical “Los Tolimenses” en 1.976, y por Silva y Villalba, en el volumen 14 “Recordando a Popayán, grabado por Philips, en 1983.

LETRA DE “TIERRA DEL ORO.”
1.
Tierra del oro, rincón del Cauca,
Donde a la sombra de tus samanes
Se vive plena, la paz del alma.
En ti la brisa, del verde valle,
Mueve con gracia, las arandelas y los encajes,
De la ñapanga.
2.
Corren las aguas del Quilichao,
Que alegres van cantando entre los guaduales,
Llevan aromas fragantes de su rivera,
Y sus arenas doradas que llevan fulgores,
De su pasado.
3.
Tus casas viejas, nobles ancestros, bajo tu cielo,
Cielos azules, que contemplaron nuestros abuelos,
Desde Munchique y en lontananza,
Se admira al norte, bello paisaje,
Valle del Cauca.
4.
La antigua ermita de Dominguillo,
Guarda reliquias preciadas de la colonia,
Del valor de tus mujeres yo hago memoria,
*De tu raza arrogante, raza galante,
Guapa y morena. (* Bis, cuatro veces, en la repetición).

LETRA DEL “EL DETENIDO.”
1.
En abril fui detenido, al realizar una buena acción,
Y fue salvarle la vida al secuestrado de Tacueyó,
Aflójeme usted la soga, pues ya lo sabe el gobernador,
Vengo a cumplir una acción, doctor será remitido,
Con Roberto, el mayordomo, a órdenes del batallón.
Adentro mi coronel, yo también soy como roca,
Con la fuerza de la cruz, déjeme cambiar de ropa.
2.
Y pronto fui conducido donde Camacho, juez militar,
Me dijo pase al banquillo, saque la lengua, venga a cantar,
Por ahí andan los rumores, que lo agarraron en el Cedral,
Con un poco de millones, porque quería liberar,
A Leupin el secuestrado por las fuerzas de las Farc.
Adentro mi general, yo también soy como roca,
Con la fuerza de la cruz, déjeme que habrá la boca.

3
Corrió pronto la noticia, que detuvieron a Villamil,
Se prende la llamarada, allá en la corte del rey David,
Luego lo sabe Cornelio, porque le avisa el tuerto Gentil,
Dígamele a Villamil, que se enteró el presidente,
Y que le manda a decir, que tiene que ser prudente.
Adentro amigo Camacho, ahora que más le provoca,
Si quiere vuelvo a cantar y me voy, pa´ la guandoca.
4
Con su defensor cicuta, Raúl Trujillo, buen abogado,
Fui remitido en la noche, por Valle y Cauca, hasta QUILICHAO.
Me sentenció GUILLOTINA, que tiene fama de ser templado.
Me dijo se pude ir, usted queda liberado,
Mientras gritaba la gente, que suelten al secuestrado.
Adentro amigo Camacho, ya pasamos un mal rato,
Usted se fue para Italia, * yo me vuelvo para el Pato. (* Bis, tres veces.).



Comentario

  1. Edgar, muy interesante el comentario sobre Villamil, mi coterráneo. De niña cantaba sus li dos bambucos. Gracias por recordarme esas canciones y la ya olvidada anécdota. Felicitaciones.

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